Claves
- La industria frigorífica argentina atraviesa un escenario de alta complejidad caracterizado por la presión de los costos fijos, la pérdida de valor real del producto y una menor disponibilidad de hacienda.
- Así lo advirtió Daniel Urcía, vicepresidente de FIFRA y dirigente de la UIA, quien remarcó que el mantenimiento de la actividad requiere intervenir de manera urgente sobre las variables que encarecen la producción.
- Entre los factores de costo con mayor impacto financiero, el dirigente señaló la suba de los cargos fijos en las facturas de electricidad, producto del incremento en los costos de generación.
La industria frigorífica argentina atraviesa un escenario de alta complejidad caracterizado por la presión de los costos fijos, la pérdida de valor real del producto y una menor disponibilidad de hacienda. Así lo advirtió Daniel Urcía, vicepresidente de FIFRA y dirigente de la UIA, quien remarcó que el mantenimiento de la actividad requiere intervenir de manera urgente sobre las variables que encarecen la producción.
“Los mayores costos están afectando directamente la competitividad de la industria frigorífica y, en un contexto de menor oferta de hacienda, sostener la actividad exige trabajar sobre cada uno de los componentes que encarecen la producción”, afirmó Urcía. Entre los factores de costo con mayor impacto financiero, el dirigente señaló la suba de los cargos fijos en las facturas de electricidad, producto del incremento en los costos de generación.
Según explicó, este fenómeno llevó a duplicar y hasta triplicar el monto de los comprobantes mensuales, perjudicando la liquidez normal de las empresas. Ante este panorama, indicó que desde el sector realizaron presentaciones formales ante la Secretaría de Energía y CAMMESA, sin obtener respuestas hasta el momento.
No obstante, Urcía valoró la respuesta implementada a nivel subnacional: “En la región centro, una decisión de los gobiernos de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba permitió financiar los cargos correspondientes a junio, julio y agosto en 8, 7 y 6 cuotas, respectivamente, a una tasa del 15% anual. Es una medida que representa un alivio para las empresas y demuestra que existen herramientas para atenuar el impacto de aumentos extraordinarios de costos”.
En la misma línea, enfatizó la necesidad de eliminar tributos locales que distorsionan la comercialización de alimentos, como las tasas de introducción municipal. Sobre este punto, celebró un fallo reciente de la Corte Suprema de Justicia dictado tras 18 años de litigio, al remarcar que la sentencia “vuelve a poner sobre la mesa un principio básico: las tasas municipales deben tener una contraprestación y, cuando no la tienen, son inconstitucionales”.
Al respecto, agregó: “Los municipios pueden ejercer los controles que correspondan sobre los comercios dentro de sus ejidos, pero no tiene sentido que se dupliquen controles sobre los introductores de alimentos y se agreguen costos sin un servicio concreto”. Al analizar la dinámica productiva, el representante industrial confirmó que la cadena vacuna atraviesa un año contractivo.
Pese a una ligera mejora en el peso promedio de faena, estimó que el ejercicio cerrará con un volumen de cabezas un 10% inferior al del año previo, lejos de los niveles históricos superiores a los 14 millones de animales. “La consecuencia es directa: hay menos carne disponible para el mercado. Y esa menor oferta es la principal explicación del descenso del consumo de carne vacuna.
No hay que buscar demasiados títulos ni explicaciones alternativas cuando la producción cae y, en consecuencia, también lo hace la disponibilidad”, aseveró. En contraste, puntualizó que la producción porcina continúa en expansión con valores competitivos, aunque advirtió que las recientes subas de la soja y el maíz comienzan a tensionar la ecuación de costos en las granjas.
Respecto al comportamiento de los precios en mostrador, Urcía expuso que la carne lleva cinco meses consecutivos sin aportar presión al índice de inflación, registrando incluso caídas leves en los últimos dos meses de acuerdo con los relevamientos de la Ciudad de Buenos Aires y del Indec.
Si bien sostuvo que los valores actuales de la hacienda se ubican altos en la serie histórica, puntualizó que desde el techo alcanzado en marzo se han mantenido amesetados, lo que representó un deterioro real frente a una inflación acumulada cercana al 10%. Hacia fin de año, anticipó una posible recomposición de valores: “Creemos que hacia fin de año puede aparecer un movimiento de precios.
Lo entendemos como una recuperación y no necesariamente como un aumento, porque no esperamos que la hacienda vuelva al techo de marzo”. Por último, el vicepresidente de FIFRA advirtió sobre el impacto del desplome en el valor del recupero (subproductos de la faena), cuyos ingresos actuales resultan insuficientes para cubrir los costos del servicio de faena.
Detalló que analistas del sector calculan este desfase en $200 por kilo, una cifra equivalente al 0,02% del valor del kilo de media res ($10.595 en agosto según el IPCVA), pero que se convierte en una suma millonaria en la escala de producción mensual. “La suba de costos y tasas antes mencionado, la caída en términos reales del precio de la carne, y los bajos valores del recupero hacen que la industria trabaje a pérdida”, advirtió Urcía.
Asimismo, previno que si este quebranto no es trasladado al precio final o asumido por el matarife, existe el riesgo de que “se disimule con evasiones en todas sus formas comercial, fiscal y laboral, lo que no le sirve al sistema cárnico ni al Estado”. “Si no se mejora la competitividad y rentabilidad del sector los problemas se agravarán. Por eso necesitamos controles efectivos, reglas claras y evitar la competencia desleal entre frigoríficos.
No se trata solamente de defender una actividad económica: se trata de cuidar la salud de los consumidores, preservar el empleo y construir una industria frigorífica competitiva y sostenible”, concluyó.

