Claves
- Asesor económico- financiero, especializado en pymes locales; y especialista en Sindicatura Concursal.
- Muestra una realidad que desde nuestro punto de vista y método de análisis es absolutamente previsible.
- Lo que ocurre con la morosidad, no es un fenómeno aislado, sino la expresión de la crisis económica que es profunda.
Por Ubaldo Roberto Domingo. Contador público nacional. Asesor económico- financiero, especializado en pymes locales; y especialista en Sindicatura Concursal. El gráfico es elocuente. Muestra una realidad que desde nuestro punto de vista y método de análisis es absolutamente previsible. Lo que ocurre con la morosidad, no es un fenómeno aislado, sino la expresión de la crisis económica que es profunda. Las manifestaciones de aquella crisis, supera todos los artificios con la que se la pretende ocultar.
Lo financiero es en realidad la muestra la punta del iceberg pero bajo la superficie visible, existe una masa de problemas que no se alcanza a visualizar con la observación influida por la distracción. El sector industrial es sin lugar a dudas, dentro de un contexto negativo, el más agraviado de todos, y les acecha el peligro real de la situación de insolvencia generalizada.
El sistema financiero en general, es permanentemente inestable, especulativo, dejo de asistir al sector productivo, abandonó las economías regionales, y olvido los incentivos a la inversión. Actualmente el sector financiero bancario cuanta con records de fondos disponibles pero sin embargo la mayor parte de esos recursos no se vuelcan a la inversión productiva. Y sin lugar a ninguna duda el edificio financiero se apuntala en la producción. Cuando la producción carece de renta, no puede pagar sus deudas.
Entonces, la consecuencia de la rajadura del cimiento productivo, repercute en el sector financiero. El quebranto y la desaparición de empresas productivas se multiplica, y hace predecir una crisis más profunda. Lo que debe hacerse entonces es modificar ya la orientación de este plan que no ofrece ninguna posibilidad de reactivación.
No se trata ya ni siquiera de un plan de estabilización, se penaliza y agravia el proceso productivo, se premia en demasía la especulación financiera, se subvenciona la producción foránea (importación), mediante tipo de cambio retrasado y levantamiento absoluta de toda barrera arancelaria y para arancelaria. A todo esto debemos adicionarle el apretón monetario y la caída de la capacidad de consumo de los salarios y jubilaciones.
La interdependencia entonces de los sectores productivos con los financieros se hace nítida con las manifestaciones de atrasos y mora. Todo lo hecho hasta aquí entonces disfraza, oculta y distrae la profunda crisis, la inflación ha disminuido, pero continua siendo persistentemente alta, y deteriora todos los días los salarios que no acompañan el aumento de precios.
Debería ser innecesario recordar que el sistema financiero debería estar al servicio del productivo y que de ninguna manera pude el primero prosperar y evolucionar si el segundo quiebra.

