Claves
- El presente artículo de análisis técnico-regulatorio pretende ordenar técnicamente una constante discusión pública sobre la comparación tarifaria entre las provincias de Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe (Región Centro).
- En consecuencia, no pretende determinar cuál de las tres distribuidoras es más eficiente ni establecer cuál posee el VAD óptimo.
- Su objetivo es más acotado: mostrar que la comparación de facturas finales no resulta suficiente para inferir costos de distribución o eficiencia regulatoria.
El presente artículo de análisis técnico-regulatorio pretende ordenar técnicamente una constante discusión pública sobre la comparación tarifaria entre las provincias de Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe (Región Centro). En consecuencia, no pretende determinar cuál de las tres distribuidoras es más eficiente ni establecer cuál posee el VAD óptimo. Su objetivo es más acotado: mostrar que la comparación de facturas finales no resulta suficiente para inferir costos de distribución o eficiencia regulatoria.
Para ello sería necesario un benchmarking multidimensional de empresas estructuralmente comparables. En este sentido, el análisis procura mostrar por qué factura final, VAD (Valor Agregado de Distribución, componente regulado asociado a los costos eficientes y a la remuneración de la actividad de distribución) y eficiencia regulatoria no son conceptos equivalentes.
En materia tarifaria, las comparaciones simples suelen ser atractivas ya que permiten ordenar provincias, identificar cuál aparece como “más cara” o “más barata” y construir rápidamente conclusiones. Pero el problema comienza cuando se pretende transformar esa fotografía aislada en un diagnóstico sobre el costo, la eficiencia o la calidad de la distribución eléctrica. Un ejemplo reciente permite advertirlo con claridad.
El Reporte de Tarifas y Subsidios Nº 41 del IIEP (UBA-CONICET), correspondiente a agosto de 2026, compara la factura eléctrica residencial de las distintas jurisdicciones para un usuario tipo de 265 kWh mensuales. Para ese consumo determinado, Entre Ríos registra una factura final inferior a Córdoba y Santa Fe. El dato es correcto.
La conclusión que habitualmente se deriva de él, sin embargo, no necesariamente lo es: Entre Ríos presenta la factura residencial más baja de la Región Centro para el caso analizado, pero ello no equivale a concluir que la actividad de distribución eléctrica sea la menos costosa de la región. Esa diferencia conceptual es el punto de partida de este análisis que pretende ser aclaratorio y constructivo. Para agosto de 2026, el IIEP analiza una factura residencial de 265 kWh mensuales, con impuestos y sin descuentos.
Para ese usuario (o segmento de consumo), ese consumo y ese mes, la factura entrerriana es efectivamente la menor de las tres provincias de la Región Centro.
Pero el propio IIEP introduce la advertencia que resulta determinante para interpretar correctamente la comparación: la dispersión tarifaria es multicausal, es decir, responde a características propias de las redes y de las regiones donde se presta el servicio, a distintas estructuras tarifarias, a la frecuencia con que se actualizan los costos de distribución, a diferentes cargas impositivas e incluso a particularidades regulatorias de cada jurisdicción.
En otras palabras: comparar facturas es un punto de partida, no un análisis de eficiencia. Y, en consecuencia, abrir la factura cambia la conclusión. El dato más revelador del informe aparece en el Gráfico Nº 19, que descompone la factura eléctrica residencial entre tres grandes componentes: precio de la energía, Valor Agregado de Distribución (VAD) e impuestos.
Estructura aproximada de la factura eléctrica: participación porcentual por componente Fuente: elaboración propia sobre la base del Reporte de Tarifas y Subsidios Nº 41, IIEP (UBA-CONICET), agosto de 2026 Debe advertirse que esta comparación refiere a la participación relativa de cada componente dentro de la factura y no, por sí sola, al nivel absoluto del VAD expresado en $/kWh.
El promedio nacional informado por el IIEP es, para usuarios sin subsidio, 33% energía, 41% VAD y 26% impuestos; para subsidiados, 21% energía, 52% VAD y 26% impuestos. Aquí aparece el primer resultado relevante: Entre Ríos tiene la menor factura final de la Región Centro, pero al mismo tiempo posee la mayor participación relativa del VAD dentro de esa factura.
En otras palabras, el componente estrictamente vinculado con la actividad de distribución eléctrica (cuya determinación regulatoria corresponde esencialmente a la jurisdicción provincial) pesa proporcionalmente más en Entre Ríos que en Córdoba y Santa Fe. Eso no significa, por sí solo, que el VAD entrerriano sea excesivo, ni permite concluir que ENERSA o las Cooperativas eléctricas sean ineficientes.
Lo que los datos sí revelan es algo más preciso: la menor factura final no puede utilizarse como sinónimo de menor costo relativo de distribución. Ello así porque, parte de la ventaja entrerriana está fuera del VAD. La segunda diferencia significativa se encuentra en los impuestos. En el caso analizado por el IIEP, la carga impositiva representa aproximadamente el 25% de la factura entrerriana, frente al 29% en Córdoba y el 33% en Santa Fe para el usuario sin subsidio.
Por consiguiente, una parte de la ventaja que observa el consumidor entrerriano en el monto final que debe pagar no surge de una menor incidencia del VAD, sino de una menor participación relativa de los componentes tributarios. Esto permite formular una nueva conclusión: una factura más baja no demuestra necesariamente que la actividad de distribución sea más barata. Puede responder a una combinación diferente entre energía, VAD, impuestos y subsidios.
La distinción parece elemental, pero tiene consecuencias importantes cuando se construyen rankings provinciales. Tampoco todas las distribuidoras deberían compararse como si fueran iguales. El otro aporte metodológico a tener en cuenta proviene del Observatorio de Tarifa Eléctrica Argentina (OTEA). Un reciente trabajo plantea una pregunta particularmente pertinente y que hemos adelantado: ¿estamos comparando distribuidoras que realmente son comparables?
La metodología propuesta abandona la clasificación basada exclusivamente en una variable (por ejemplo, cantidad de usuarios por kilómetro cuadrado) e incorpora cuatro bloques de análisis: estructura, mercado, organización y uso de capacidad/estrés. Sobre esas variables estandarizadas aplica un análisis de clustering jerárquico mediante el método de Ward. El ejercicio resulta especialmente relevante para la Región Centro.
Veamos: ENERSA, EPE de Santa Fe y EPEC de Córdoba pueden formar parte de un universo razonable de comparación, pero no son empresas idénticas. El propio dendrograma muestra una mayor proximidad estructural entre ENERSA y EPE, mientras EPEC aparece más distante dentro de la estructura de agrupamiento. Esta diferencia es fundamental para realizar un estudio de benchmarking (la acción) y benchmark (el resultado) regulatorio serio y fundado.
Y es que, las redes eléctricas enfrentan costos distintos según su extensión, densidad de usuarios, dispersión territorial, demanda por kilómetro de red, composición del mercado y utilización de la infraestructura. Por lo tanto: dos distribuidoras pueden ser igualmente eficientes y requerir VAD diferentes simplemente porque las condiciones estructurales de prestación generan costos distintos. La regulación económica conoce bien este problema.
Entonces, la eficiencia no consiste en gastar menos en términos absolutos, sino en prestar el servicio al menor costo compatible con la estructura de la red, la calidad exigida, la seguridad pública y las inversiones necesarias. Llegados a este punto conviene separar definitivamente tres interrogantes si se quiere, seriamente, encontrar la diferencia entre un ranking de facturas y un benchmark regulatorio. –¿Qué provincia presenta la menor factura para un usuario residencial de 265 kWh en agosto de 2026?
Entre Ríos. –¿En qué provincia tiene menor participación relativa el VAD dentro de esa factura? No en Entre Ríos. Tanto Córdoba como Santa Fe presentan una participación inferior para el usuario sin subsidio, y también ocurre lo mismo en el segmento subsidiado. –¿Cuál de las tres distribuidoras es más eficiente? Los datos de factura, por sí solos, no permiten responderlo.
Para hacerlo correctamente deberían compararse, entre empresas estructuralmente semejantes, al menos las pérdidas eléctricas, costos operativos normalizados, calidad de servicio, inversión, extensión de red, energía distribuida y suficiencia de los ingresos regulatorios.
Los datos analizados no permiten generalizar que Entre Ríos posea, en términos técnicos, la tarifa eléctrica más barata de la Región Centro, pero sí permiten afirmar que presenta la menor factura final para el usuario residencial y período considerados. Esa ventaja convive, sin embargo, con tres circunstancias relevantes: –Entre Ríos posee la mayor participación relativa del VAD dentro de la factura residencial de la Región Centro.
–La incidencia impositiva es menor, lo que contribuye directamente a reducir el monto final pagado por el usuario. –ENERSA opera dentro de una estructura de distribución que debe evaluarse por sus propias características territoriales y regulatorias. Por eso la expresión “tarifa más barata” simplifica excesivamente una realidad regulatoria mucho más compleja.
Y, en consecuencia, la pregunta correcta no debería ser cuál provincia cobra menos sino ¿Qué nivel de VAD necesita una distribuidora eficiente para sostener una red estructuralmente comparable, realizar las inversiones necesarias y prestar la calidad de servicio exigida, sin trasladar al usuario costos ineficientes? Sólo después de responder esa pregunta resultaría posible hablar seriamente de tarifas caras o baratas.
Porque una factura baja no es necesariamente sinónimo de distribución barata, del mismo modo que un VAD elevado no permite, por sí solo, inferir eficiencia ni ineficiencia. En regulación eléctrica, comparar precios es sencillo. Lo difícil, y lo verdaderamente relevante, es asegurarse de que estamos comparando lo mismo.

