Por Sergio Dellepiane. Docente universitario de Economía. Cuando, en los ambientes más diversos, se hace mención al Tipo de Cambio sea éste Real, Multilateral, Comercial y/o de Equilibrio, se supone necesariamente la existencia de, al menos, dos alternativas monetarias (dinero) diferentes pero comparables. Si existiera una única moneda universal no tendría ningún sentido hablar de “tipo/s de cambio” ni de paridad o de altas o bajas.
Los antecedentes históricos de la cuestión nos remontan al S.XVI y a los integrantes de la denominada “Escuela de Salamanca”.
Martín de Azpilcueta (1492 – 1586) en su “Comentario resolutorio de cambios”, aparecido por primera vez en 1556 formula, de forma clara y precisa, la relación existente entre la abundancia de dinero, el nivel de precios de las cosas y la variación del tipo de cambio en distintas comunidades: “…en las tierras do hay gran falta de dinero, con mucho menos de él se compran las cosas, y el mismo dinero vale más que donde hay abundancia de él.
Y así se ve que en España, en el tiempo que venían pocas flotas de las Indias, con un real se compraban muchas cosas, y después que vinieron cargadas de oro y plata, no se compran con diez reales lo que antes con uno” […] así también la misma moneda vale más en una parte que en otra, por la escasez o abundancia de ella o por la necesidad que de ella se tiene…Y, por esta causa, la moneda de un reino se cambia por la de otro dándole más o menos según el valor y estima que en cada parte tienen cada una de ellas” Por su parte, Domingo de Soto (1494 – 1560) en su “De Iustitia et Iure”, por la misma época describe los motivos por los que el tipo de cambio varía en función del poder de compra del dinero en cada mercado: “Cuando más abundante es el dinero en un lugar, tanto menos vale en él para comprar los otros bienes; y, por el contrario, cuanto más escaso es, tanto más estimado se considera.
De donde resulta que las monedas valen más allí donde son escasas que allí donde abundan […] la causa de que el cambio sea más alto o más bajo en un lugar que en otro, no es otra que la diversidad del valor de la moneda según la abundancia o penuria que de ella hay en las diversas plazas o mercados” Tomás de Mercado (1523 – 1575) en la “Suma de Tratos y Contratos” de 1571, analiza la práctica de las ferias internacionales como las de Lyon y Amberes comprobando como el flujo de las letras de cambio reflejan el valor relativo del dinero entre las naciones: “El cambio no es otra cosa sino dar dinero en un lugar para recibirlo en otro.
Y el precio de este cambio sube o baja según la abundancia de la plata que hay en la plaza donde se toma o en la plaza donde se ha de pagar […] Donde hay mucha copia (abundancia) de dinero, vale menos la moneda para la contratación, y por consiguiente el cambio baja; y donde hay falta, vale más y el cambio sube, porque la necesidad humana le da la estimación” El más reconocido de todos y referente ineludible de la Escuela, Juan de Mariana (1536 – 1624) en su célebre tratado “Discurso sobre la moneda de Vellón” de 1609 aborda el impacto de la inflación y la devaluación del valor de la moneda promovida por la autoridad en cuanto a su relación internacional con otras monedas a través de la variación del tipo de cambio: “…la moneda tiene dos valores uno intrínseco y natural, que depende de la calidad del metal y de su peso; otro extrínseco y legal, que le da el príncipe por su ley […] si el valor legal se aparta mucho del intrínseco, la moneda pierde su estima en el extranjero y el cambio se altera en daño al reino […] Aumentar el valor legal de la moneda sin aumentar su finura (calidad) es lo mismo que fijar un impuesto encubierto lo que hace que en el cambio con las naciones extranjeras nuestro dinero pierda su precio y valga menos” La idea, de comparación y análisis del Tipo de Cambio, en la Economía moderna, surge a partir de la Teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo formalizada originalmente por el economista sueco Gustav Cassel (1866 – 1945) a principios del S.XX, aunque la intuición de comparar precios de productos similares entre países para explicar el Tipo de Cambio o relación entre monedas soberanas de naciones diferentes ya estaba presente en pensadores anteriores.
El concepto de Tipo de Cambio Real tal como se lo utiliza actualmente en Macroeconomía pero sobre todo en Economía Política, se consolida a partir del “Modelo de Balanza de Pagos” de Mundell – Fleming surgido originalmente entre 1962 y 1963. Se lo define como la medida del poder de compra de una moneda soberana frente a otra, ajustando el tipo de cambio nominal por las diferencias de precios, para un mismo bien o servicio, entre los países con los que se hace la comparación.
Su fórmula matemática es sencilla pero no viene al caso. Así, mientras el Tipo de Cambio Nominal te dice cuántos pesos convertibles necesitas para comprar un dólar o un euro, el Tipo de Cambio Real te indica cuántos bienes de un país podes comprar con los bienes del otro, es decir, mide competitividad real.
Si el Tipo de Cambio Real (TCR) sube, los bienes locales se vuelven relativamente más baratos frente a los extranjeros (mejora la competitividad); si el TCR baja, los bienes locales se encarecen en términos relativos (se pierde competitividad = “hay atraso cambiario”) El Tipo de Cambio Real se usa para medir la competitividad internacional. Un país con un TCR “depreciado” (alto), exporta sus productos con precios más baratos e importa a precios más caros.
Lo contrario ocurre con un TCR “apreciado” (bajo) por lo que exportar cuesta más e importar se vuelve tentador. Es decir, si el TCR está muy bajo, producimos caro comparado con otras naciones del globo. Si está muy alto, somos más baratos para el mundo. No se trata del precio del dólar sino de lo que, en la realidad cotidiana, hacemos con él. A diario, en cada decisión que tomamos, nos gobierna el sentido común, la avidez o la ignorancia.
Lo que la Ciencia Económica tiene demostrado sobradamente es que ningún gobierno del mundo puede controlar el Tipo de Cambio Real. Ni siquiera los supranacionales. Más de 40 años de investigaciones económico – financieras y de prácticas concretas, tanto en mercados maduros como emergentes, muestran que quienes afirman admonitoriamente que el TCR debería valer tanto, no saben de lo que hablan.
El “canto de sirenas” sólo busca atraer agua para su molino o para el de aquellos quienes aportan a su mantenimiento… mientras digan lo que les conviene a sus patrocinantes. Intereses creados si los hay. En 1983, Meese y Rogof en “Empirical Exchange Rate Models of the Seventies: Do They Fit Out of Sample?” mostraron que ningún modelo de Tipo de Cambio le ganaba a lo que en la jerga económica se llama “Caminata aleatoria”.
Al precio de hoy lo pone el flujo presente, al de mañana lo va a poner un flujo que todavía no se ha manifestado y, por lo tanto, desconocemos. Flujo mata fundamento. Este resultado ha sido confirmado una y otra vez, desde entonces.
Cheung, Chin y Pacual “Empirical Exchange Rate Models of the Nineties” (2005), Rossi “Exchange Rate Predictability” (2013), Engels y West “Exchange Rate and Fundamentals” (2015) son algunos de los autores que concluyen terminantemente: La Ciencia Económica no tiene, hasta el presente, herramientas para predecir el Tipo de Cambio Real entre naciones, cuanto menos para calcular su nivel de equilibrio, ni presente ni futuro.
Consecuentemente, pretender saber cuál es el Tipo de Cambio Real de Equilibrio en Argentina o en cualquier otro país del globo, no es ni serio ni responsable, menos aún de base científica, para no emplear adjetivos más precisos en lenguaje vulgar, aunque menos diplomáticos. En definitiva, si Ud.
amigo lector lee, escucha o dialoga con alguien que afirma saber cuál es el Tipo de Cambio Real de Equilibrio para un momento dado, y además le asegura conocer el valor a dónde se anclará en un futuro, comprenda que se halla frente a un próximo Premio Nobel, un futuro billonario o, lo más probable, no sea más que un gran vendedor de humo. Sarasa a la enésima potencia.
“Si un determinado sector de la economía nacional sólo es viable con un dólar más alto que el que determinan naturalmente los flujos futuros de divisas, dicho sector no es viable para este momento de la economía nacional. En realidad, está requiriendo un subsidio que deberán soportar todos los demás sectores de la economía nacional vía incrementos de precios, licuación de salarios reales e inflación” – JOSE LUIS DAZA (1958 – …)



